lunes, 11 de febrero de 2013

La masacre de Newtown una aproximación desde la salud pública: La gestión de la salud mental de la población.

Carolina Varela Rodríguez
 
Como decíamos en el blog anterior, desde mi punto de vista, la masacre de Newtown cumple criterios de problema de salud pública y en este post quiero reflexionar un poco sobre la gestión social de la salud mental de la población.
A nosotros como especialistas que somos, nos importa mucho la influencia del modelo de servicio o sistema de salud en el control y tratamiento crónico de los enfermos psiquiátricos y este trágico evento da para reflexionar mucho. Leyendo dos textos muy interesante me he pasado mucho tiempo pensando al respecto. El primero “Dale un bolígrafo a un tonto” me parece digno de consideración ya que el autor expone la necesidad de informarse bien antes de publicar información sobre la salud mental de los asesinos, que por otra parte debe ser información confidencial, y no rumores provenientes de fuentes tan “fiables” como los vecinos, los hermanos o los amigos del agresor. Porque al asociar el nombre de una enfermedad como el autismo a una agresión como la de Newtown se produce un daño irreparable a todos los enfermos de autismo, un daño que supone la estigmatización constante de esta condición y el aislamiento social de los enfermos y sus familiares.
Si nos remitimos a las estadísticas, la mayoría de los agresores, violadores, pederastas y asesinos no tienen un problema de autismo y la inmensa mayoría de los enfermos autistas no han cometido nunca un delito, pero nos sentimos reconfortados al pensar que el que hace eso es un “monstruo” distinto de nosotros, las personas “normales”. Por eso saltamos a la caza de la patología psiquiátrica, autismo, esquizofrenia... cualquiera nos vale como excusa. Pero entra dentro de la lógica y de la justicia reflexiva pensar que es factible que la enfermedad en sí no sea causa de la agresión sino un elemento meramente circunstancial junto a la situación social, familiar y económica en que el paciente se encuentra. Pero cuando alguien tiene una enfermedad mental automáticamente asumimos que los comportamientos aberrantes son producto de esta enfermedad. Por eso es tan dañino publicar diagnósticos médicos asociados a estos eventos, porque no hay manera de demostrar que esa enfermedad sea la causa o no y sin embargo sesgamos a los receptores de nuestra información. Y en este foro de trabajadores de la salud, es fundamental no olvidar la confidencialidad y el respeto debido al paciente individual y a los enfermos de forma comunitaria.
Me parece muy interesante leer este texto indignado porque, no dudemos que en nuestra práctica diaría nos vamos a encontrar en situaciones en que podamos cometer una violación de esta confidencialidad o de este respeto que aunque pueden ser un delito no es lo importante aquí. Lo importante aquí es darnos cuenta como todos los actos tienen consecuencias y que estas pueden ser malas y tenemos que meditar sobre ellas antes de hablar. Aunque nuestra naturaleza sea impulsiva, a la hora de emitir un juicio o etiquetar el comportamiento de una persona sana o enferma debemos ser profesionales reflexivos y medir mucho nuestras palabras porque además de todo el daño que cualquier rumor puede producir, nuestra particularidad como facultativo legitima nuestro juicio y puede sesgar la opinión de la sociedad respecto a una enfermedad estigmatizándola.
El otro texto, “I'm Adam Lanza's mother”, está escrito por la madre de un niño con un problema de la esfera del autismo con episodios violentos. Os confieso que me pareció muy duro de leer (a ninguna madre le gusta ver lo que su hijo o hija tiene de malo o incluso de peligroso, y ella lo hace honesta y claramente) y muy matizable (ya que parte de la hipótesis de que el agresor de Newtown hizo lo que hizo como consecuencia de un arranque violento por su supuesto problema de autismo, cosa que está por demostrar si es que se llega a demostrar, como veníamos hablando antes) pero la reflexión de esta madre es nuy interesante.
Pues bien esta madre estadounidense, se siente totalmente desvalida frente a un sistema de salud que no la protege ni a ella, ni a su hijo, ni a sus ciudadanos y que la única alternativa que le ofrece es denunciar a su hijo para que lo metan en la carcel, con lo que esto conlleva. Desvalida incluso habiendo ella hecho un giro copernicano con su vida, dejando su profesión para trabajar en una empresa y de esta manera tener “beneficios” en la forma de un seguro de enfermedad. Y todo esto porque el seguro médico que tiene que contratar es impagable. Ya que por lógica, los seguros privados tienen que rentabilizar a sus clientes y tienen derecho de admisión, así si eres un enfermo que vas a suponer muchos ingresos hospitalarios, tratamientos e intervenciones costosos, simplemente no les interesas como cliente y te excluyen. Y este es el caso de las enfermedades crónicas y entre ellas los problemas como el autismo.
Y la autora del texto nos plantea que ya no estamos hablando de una enfermedad que al fin y al cabo va a afectar al enfermo y a su familia, más o menos cara o más o menos dolorosa, sino de enfermedades del comportamiento social que pueden afectar a la sociedad entera o por lo menos a una parte del entorno cercano del paciente, como pueda ser su escuela, el supermercado o su vecindario. Ante esto, ¿no tiene la sociedad, aunque sea desde una perspectiva de defensa propia, que hacerse cargo de estos enfermos y sus tratamientos? Es más en vista de los resultados en salud de otros sistemas de salud, ¿no es evidente que en EEUU tienen un problema de gestión de la salud mental?

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